martes, 3 de agosto de 2004
Seguridad, sociedad y política

Hoy recogen algunos medios de comunicación las críticas al señor Bush por haber elevado el nivel de alerta del estado de Seguridad Nacional basandose en información antigua.

Ya hace un par de meses, Bruce Schneier criticó severamente la política de seguridad ciudadana del señor Bush, y no por temas ideológicos, sino, desde su punto de vista profesional, por la inutilidad y peligrosidad que las medidas tienen para la propia seguridad del estado.

Como bien comenta, la definición del estado de seguridad viene del ámbito militar, que trata de automatizar la reacción frente a un ataque, para así ganar en coordinación, diligencia y velocidad de reacción, términos críticos en estrategias de defensa.

Son bien conocidos los estados DEFCON5 a DEFCON1 de este entorno militar, sobre todo, por su aparición en peliculas. Pero detrás de eso, hay muchas mas cosas que también aparecen en las peliculas. Cada transición de un estado a otro implica la ejecución de acciones y procedimientos. Se preparan situaciones para la reacción.

Sin embargo, la nueva definición de los estados de seguridad que avisan al ciudadano sobre el nivel de alerta no implican en sí mismos ninguna acción del ciudadano. Es ahí donde está el principal peligro. Ocurre que si se somete a un estado de psicosis y estres durante un tiempo prolongado a los ciudadanos, pueden producirse situaciones no deseadas como las siguientes:

- Reacciones desproporcionadas frente a indicios o falsas alarmas por la obsesión por la defensa.
- Ignorar eventos importantes debido a la larga duración de un estado de alarma.


Imaginemos una alarma de seguridad que salta cada 10 minutos. Al cabo de 3 horas, esta señal deja de ser significativa, porque su estado o aviso no implica un evento peligroso. El mecanismo pierde toda su eficacia. Es el efecto "que viene el lobo".

Lo mismo ocurre con el estado de seguridad americano. Elevan o disminuyen el nivel de alerta, pero no pasa nada. Ni sucesos, ni indicios, ni detenciones de presuntos delincuentes, ni aborte de planes terroristas. Nada, en tres años nada.

Lo más indignante y peligroso es que la verdadera motivación de este estado de psicosis sea generar miedo para producir una reacción del ciudadano e inclinar de esa forma la intención de voto de un lado o del otro. Porque si esto estuviese ocurriendo, la propia seguridad sería causa de inseguridad. Estaríamos ante un ciclo de retroalimentación positiva que solo puede producir efectos peores que los que se intentan evitar.




Mientras tanto, los sectores más críticos ya están ridiculizando estos niveles de alarma no significativos.
 
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