sábado, 11 de julio de 2015

Nativos digitales y Padres 2.0: La factura digital de tener pasado enla red

En esta época del año cuando el cole finaliza muchos padres asistimos con orgullo a las fiestas fin de curso y otras actividades similares que ponen fin al año escolar. Muchos padres, plenamente conscientes del peso que tiene Internet en nuestras vidas y de las tendencias tecnológicas que van a condicionar su futuro vemos con preocupación la ligereza y frecuencia con la que los progenitores vuelcan sin control las hazañas de sus peques con las finalidades vinculadas a la difusión entre sus conocidos. Los más prudentes utilizan enlaces a carpetas de servicios de almacenamiento en nube como Dropbox y los menos los cuelgan en sus canales propios de Youtube totalmente en abierto. Además, quienes somos conscientes de la problemática existente tenemos que sufrir agresiones virtuales al ver que a pesar de nuestros esfuerzos por evitar este tipo de situaciones, nuestros menores aparecen acompañando a otros en actividades como fiestas de colegio o celebraciones de cumpleaños.

Aunque este tema lo aborda de forma completa el artículo Festivales de fin de curso: ¿Debe permitirse hacer fotos?  lo más significativo, como comentó Ricard Martinez  hace unas semanas en el III Congreso Nacional de la Asociación de Profesionales de Privacidad (APEP) son los comentarios de muchos padres al pie del mismo. En ellos se mezcla en muchos casos, el enfado por las medidas a tomar y lo ridícula que les suena la preocupación de los autores.

Quizás, lo que muchos padres no son capaces de ver o entender es la importancia o trascendencia que tienen los hechos que ahora cuelgan en la red para sus hijos ... en el futuro. En un mundo donde el crecimiento de la tecnología es brutal, donde la incorporación de la innovación tiene cada vez ciclos más cortos de penetración es complejo poder vaticinar qué importancia pueden tener los datos del hoy en el mañana. Aunque Gemma Galdon, socióloga y participante en el III Congreso APEP, ha colgado un excelente post titulado "La memoria obligatoria" planteando este nuevo escenario como un elemento que alterará nuestro concepto de libertad, creo necesario como experto en la materia intentar hacer ver de qué estamos hablando y cuales son las cuestiones que nos preocupan a los profesionales que entendenemos de esto y que podemos predecir, por el análisis de las tendencias tecnológicas en curso, cuales son las posibles situaciones que se plantearán en este siglo XXI. Para ello, he creído adecuado usar un relato futurista... al igual que ya hice en el post "El tsunami tecnológico que no pudimos evitar" en el año 2012 para contar la alta dependencia tecnológica en nuestro día a día y por qué la seguridad es una asignatura pendiente. Aquí comienza el relato.

Año 2031. Conversación entre padre e hijo.
- "¿Qué tal va tu búsqueda de trabajo, Pedro?."- Preguntó su padre.
-  "Pues no muy bien, Papá. No se qué está pasando pero en las diferentes ofertas online a las que me voy apuntando, en cuestión de minutos aparece la respuesta descartando mi candidatura."- Respondió el hijo.
- "¿Cómo dices? ¿En cuestión de minutos? ¿No te llaman ni siquiera para hacer la entrevista?"- Interrogó de nuevo el padre.
- "Claro Papá. Ahora los departamentos de Recursos humanos tienen algoritmos de selección y scoring automáticos que les permiten evaluar y ponderar las características del candidato. Aprovechan las tecnologías de Big Data y la cantidad de información colgada en la red para realizar en tiempo real un procesado de todo eso y construyen un timeline de los diferentes solicitantes. Luego aplican criterios de selección según ponderaciones que asignan a las actividades que el candidato ha ido evidenciando a lo largo de su vida (pertenencia a asociaciones, actividades deportivas, implicaciones políticas, etc.) Todo está en la Red y los algoritmos son capaces de pronosticar que capacidades, conocimientos, habilidades y aptitudes podría tener el candidato."- Explico Pedro a su padre.
- "Desconocía que hubiéramos llegado a este nivel de automatización."- respondió el Padre que quedó pensativo al conocer los nuevos métodos que se estaban aplicando.
En ese momento, el hijo preguntó al padre. "- ¿Por qué lo hacíais?."
"-¿El qué?"- respondió su Padre.
"-Colgar toda nuestra vida. ¿Era necesario?. Nunca he entendido porqué tienen que conocer mis compañeros de colegio que no sabía nadar con 3 años, que me caía de la bicicleta con 5, que bailaba tan mal cuando era pequeño en las diferentes actuaciones del colegio. Esos son recuerdos de familia pero que deberían haber quedado para nosotros y como mucho, nuestros conocidos más próximos. Ahora pongo mi nombre en Internet y me salen páginas que son capaces de localizar todo mi pasado y reconstruir mi vida."- espetó el hijo.
"-Todo aquello era nuevo. Cuando tu naciste, Youtube tenía pocos años y cualquier cosa que hacías era fácil subirla y compartirla con tus abuelos, primos y demás familia. Nos gustaba mostrar cómo crecías."- respondió su padre.
- ¿Pero Papá, todo accesible sin restriciones a nadie, todo colgado y visible para cualquier internauta en la red? - planteó de nuevo el hijo.
- "¿Cómo iba a saber que todo eso no quedaba en el olvido? ¿No tenía muchas visitas y eran cosas que poníamos para que las vieran en aquellos momentos solo."- respondió de nuevo el padre.
-"Pero eran indexables y estaban en la memoria de Internet para siempre Papá. Quedaban fuera de vuestro control. No podías garantizar que sólo estuvieran en los sitios en las que lo subías porque los contenidos una vez son públicos, ya dejan de poderse limitar."
-"Eramos muy ignorantes hijo. Ahora nos llamarían analfabetos digitales y en aquellas épocas de explosión de las redes sociales parecía que si no estabas metiendo tu vida en facebook o contando lo que hacías en twitter, eras un atrasado tecnológico."

Esta conversación ficticia, hoy en el año 2015 no tiene todavía mucho sentido aunque ya sabemos que los procesos de selección de personal se ven influenciados por las redes sociales. Sin embargo, la memoria eterna y la indexación continua de la red obligan a pensar no en el ahora, sino en lo que podrá suceder en el futuro. Dado que no sabemos los rumbos que pueden mover a las nuevas tecnologías ni cómo los derechos pasarán a ser regulados, es cuanto menos temerario volcar demasiado en un entorno inestable que no sabemos qué consecuencias puede acarrear. Como Padres, somos garantes de la educación de nuestros hijos y debemos preservar su intimidad y dignidad como un bien preciado dado que la reputación (online) ya es un valor en alza que cada vez más condicionará lo que son o pueden llegar a ser nuestros hijos en el futuro.



Si te parece descabellado o exagerado el relato, plantéate sólo como se daban préstamos bancarios hace 10 años. Para poderlo recordar puedes ver series como "Cuentamé como pasó" donde se relata la importancia del Director de oficina en algunos de los momentos más importantes de algunas familias a la hora de otorgar prestamos para cosas importantes y cómo se hace ahora ese proceso. El scoring bancario es una realidad... pero cuando realmente el potencial del Big data y las tecnologías cognitivas sean una realidad cotidiana... ¿de verdad crees que querrás haber colgado tanta información en la red?
Por eso es loable y necesario movimientos y ONG como Padres 2.0 que intentan mitigar el desconocimiento de los tutores y padres en estas materias, para evitar pagar facturas como las comentadas. La ignorancia tecnológica puede ser un elemento discriminador en el futuro y por eso nos toca a todos hacer ver la cara oculta del uso de los nuevos servicios que seducen al usuario con sus cantos de sirena, para atraparlos en una tela de araña de la que es difícil salir pese a existir el derecho al olvido y que nunca sabremos en qué momento podrá acabar devorándonos.















 
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